Cacao rebelde en la América Profunda Notas de nuestra residencia de aprendizaje en Waman Wasi, Lamas, Perú.

14 de noviembre al 2 de diciembre de 2019

Por: Edgardo Leonel García García

I. Introducción
El presente artículo es tan solo un primer boceto de un sueño más grande. Es  penas un atisbo de lo que nuestro corazón colectivo busca en lo más profundo de nuestra América, en las raíces del Abya Yala, para develar y mostrar que el cacao es una semilla rebelde, que está luchando, resistiendo y re-existiendo en cada pueblo originario de nuestra dolida pero floreciente América.

Este es pues, un intento por ordenar nuestras ideas y compartirlas con los compas de la Red Ecoversities y con quienes les interese conversar sobre estas cuestiones. Es una recopilación de muchas voces que a diario se empeñan en construir un mundo mejor.

Gracias a la alianza global de Ecoversidades tuve la oportunidad de realizar una estancia de aprendizaje libre en la organización Waman Wasi, en Lamas Perú. Presento aquí las notas de nuestras conversaciones, hilando con la cuestión del agrocultivo de cacao y contrastando esto con la crianza que hacen las comunidades quechuas-lamistas del monte, la chacra y el cacao.

La intención principal de mi estancia fue explorar la idea de que así como Guillermo Bonfil planteó en su texto “México profundo”: existe una continuidad de una civilización de estirpe mesoamericana que existe y resiste hasta nuestros días, preservando valores, formas de vida o lo que se ha denominado el buen vivir, una cosmovisión de vida digna. Siguiendo esta idea, en nuestra Cooperativa CACAO pensamos que esta situación es aplicable a todo el continente y que existe también una continuidad de muchas civilizaciones precolombinas que constituyen la América Profunda (como la denominara Rodolfo Kusch) o Abya Yala. Para redondear esta idea, finalmente vemos en el cacao un símbolo de la resistencia de esta civilización, una planta sagrada que encierra una cosmovisión ligada a la tierra y actualmente como un cultivo que nos permite alcanzar la autonomía, ligado a una organización desde abajo.

Como cooperativa hemos chambeado la soberanía alimentaria y la autonomía desde hace 7 años. Estamos convencidos que el momento actual de colapso del modelo occidental de destrucción, los pueblos originarios de América pueden proveer soluciones profundas -y en este sentido, radicales- para hacer nacer otros mundos posibles. Por eso decidimos viajar a Perú, para probar que un camino para alcanzar esto es aprender acerca de la relación que los pueblos originarios tienen con la Madre Tierra o Pachamama. Es por eso que visitamos Waman Wasi, una ecoversidad en Lamas, para compartir y aprender sobre la relación que mantienen las comunidades con sus semillas sagradas, las plantas (como el cacao) y su cosmovisión de la vida a través de la chacra, la cual es muy similar a nuestra milpa mesoamericana.

Para conectar la idea con la práctica viajamos a la Alta Amazonía Peruana para observar si esta relación en las comunidades amazónicas quechuas-lamistas está viva o si al contrario, está en decadencia o desapareciendo. Es decir, constatar en la vida cotidiana de dichas comunidades si el cacao es en verdad un cacao rebelde o si más bien nos ha ganado la batalla el mercado, el estado y el sistema capitalista-patriarcal en su conjunto. ¿Qué tan viva es la resistencia a través del cacao en la América Profunda? Es una de las preguntas centrales de la presente investigación en curso.

1.- Waman Wasi y su trabajo en la Amazonía Peruana

Vista exterior del Centro Waman Wasi

¿Porqué Waman Wasi? ¿porqué Perú y el amazonas? Cuando pensamos en un lugar donde observar esta resistencia a través de la siembra, de las semillas nativas, nos vino rápidamente el sentimiento de conocer el trabajo de los compañeros de Waman Wasi en la amazonía peruana. Gracias a nuestro amigo Grimaldo Rengifo nos introdujimos en la cosmovisión quechua – lamista, en especial nos llamó mucho la atención las prácticas que tienen las comunidades quechuas sobre la comida, la convivencia y la comunidad[1]; así como la recuperación de los saberes ancestrales y el diálogo con los conocimientos ajenos que transmite la escuela. Nos cautivó la idea de la crianza mutua y la característica chacarera y armonizadora de los pueblos originarios amazónicos. Desde nuestra militancia un poco cerrada y dura, estas ideas venían a sacudirnos y abrirnos los ojos a otras posibilidades. Desde nuestro ser comunal, pues nosotros también venimos de pueblos originarios, nos parecía algo que en Oaxaca y en México era muy parecido al entorno en que nosotros mismos habíamos crecido, nos resultaba muy familiar.

Waman Wasi es una ONG con sede en la ciudad de Lamas, perteneciente a la región San Martín. Actualmente realiza proyectos de afirmación cultural en comunidades andino amazónicas de la región. Waman Wasi trabaja en base a 3 ejes: a) trabajo con docentes, b) acompañamiento a familias chacareras y c) diálogo de saberes.

2.- Cacao sumiso y cacao rebelde

Aquí en el amazonas los nativos tienen una cosmovisión complementaria de las cosas, siempre están dialogando con la comunidad humana, espiritual, los animales y las plantas (a todo este conjunto comunitario lo denominan ayllu, en quechua). Dicen los nativos amazónicos que todo puede tener dos lados, uno bueno y uno malo. Es responsabilidad de cada persona o comunidad elegir el camino que quiere seguir. Esto puede ser aplicado al caso del cacao en la región de San Martín en la amazonía alta peruana. Por un lado, los cultivos de cacao fueron introducidos después del conflicto militar en 1980 como una manera de “pacificar” la región o lo que se ha denominado guerra de baja intensidad o contrainsurgencia, después del conflicto que protagonizó Sendero Luminoso[2]. En este sentido podemos hablar de un cacao contrainsurgente cuyo objetivo fue desmovilizar a la población y evitar su levantamiento. Por otro lado, las prácticas actuales de agricultura campesina nos muestran que se mantiene muy vivo un cacao rebelde, que ha sido adoptado como parte de la familia extensa del monte, la chacra y la comunidad humana.

3.- El cacao como contrainsurgencia

La década de 1980 fue muy dura para Perú y la región de San Martín. Se caracterizó por la presencia de una guerrilla de corte maoísta denominada Sendero Luminoso que efectuó acciones violentas en la región, esto sumado a grupos del narcotráfico que actuaban en el territorio debido a que existía una alta actividad de siembra de coca. De acuerdo con la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Sendero Luminoso provocó durante el que denominó «conflicto armado interno» (1980-2000) la muerte de entre 31 331 y 37 840 personas[3].

La estrategia del estado peruano para combatir a la guerrilla fue  fundamentalmente militar y se enfocó en la detención de los líderes de Sendero. Posteriormente junto a la “asesoría” estadounidense se enfocó principalmente en la sustitución del cultivo de coca (que proveía al narcotráfico) a los denominados “cultivos alternativos”: cacao, café, caña de azúcar y palma africana. Dichos cultivos fueron introducidos a través de instancias gubernamentales y programas sociales como cultivos para el mercado internacional, productos que “beneficiarían” a los campesinos de la región y “pacificarían” la zona.

Tal como nos comenta un representante de una cooperativa agraria en el distrito de Shanao: “aquí después del conflicto armado había mucha coca, hasta se pesaba por balanza toda la coca, era una zona de mucho narcotráfico; fue entonces que e  gobierno impulsó la siembra de cacao, nos regaló plántulas, pero no nos dijo cómo sembrarlo ni nos dio un apoyo real”[4].

La “pacificación” de la zona no es más que una manera muy diplomática de llamar al control sobre el territorio y las comunidades. Pacificación en términos militares también ha sido denominada Guerra de Baja Intensidad, una forma de continuar la guerra pero por otros medios, que no incentiven la sublevación de la población agraviada sino se muestre como beneficiaria de la población local. Toda la política social aplicada a América Latina durante este periodo tiene el mismo fin, evitar las insurrecciones armadas (guerrillas), la sublevación de amplios sectores de la población tanto urbanos como rurales y mantener a la población bajo una línea de pobreza que no les permita pensar en rebelarse.

Las agencias de “cooperación” internacional son una pieza clave en el ajedrez de la Guerra de Baja Intensidad. El compañero Raúl Zibechi dedica un libro al análisis de este tipo de políticas sociales en América latina, nos dice:

“Las políticas sociales institucionales han jugado desde siempre un papel relevante e imprescindible en las estrategias de Estado para disolver las prácticas no capitalistas y los contextos en los que estas nacen y se desarrollan, intentando dirigirlas hacia prácticas de carácter más acorde a lo estatal. Y no es ninguna novedad. De acuerdo con las estrategias de la Guerra de Baja Intensidad (GBI), la aparición y posterior desarrollo de organizaciones destinadas a impulsar el desarrollo económico y la cooperación internacional —como es el caso de la USAID (United States Agency for International Development) en 1961— se inserta en el plan forjado por el Pentágono para controlar «las mentes y los corazones» de los países no alineados con EEUU, y que, por cierto, en la actualidad se definen como aquellos no conformes con el consenso de Washington. El desarrollo de las tácticas de GBI ha puesto de manifiesto que el mejor camino para someter los hábitos y espacios no mercantilizados a los intereses estadounidenses es no hacerlo por la fuerza. De lo contrario, se generaría una actitud de resistencia en los organismos y actores sociales objeto de la subyugación, que sería contraproducente para tal fin. En lugar de eso, se observó que lo más eficaz era someterlos de forma aparentemente suave con proyectos retóricamente urdidos para encajar en el discurso del sometimiento no violento. Se trata de proyectos “acaramelados” que contemplan la inclusión social y la participación ciudadana. Actualmente, las políticas internacionales de “combate a la pobreza” cumplen esta función” (Zibechi, 2010)

La cooperación internacional y su paquete de promoción e introducción de cultivos agroindustriales son parte de la Guerra de Baja intensidad en América Latina y en especial en la región San Martín del Perú. Es la forma más clara de control sobre las poblaciones mestizas, andinas y nativas. Según datos de Oxfam Perú: “más de 150 mil hectáreas de bosques primarios de la Amazonia peruana están en peligro ante el aumento de plantaciones de palma aceitera. A día de hoy, hay aproximadamente 60.000 hectáreas de palma aceitera sembradas en esta selva, y si se tienen en cuenta los proyectos agroindustriales en trámite de 113.000 hectáreas, esta superficie se triplicaría en el corto plazo, especialmente en Loreto, Ucayali y San Martín”.

Numerosos trabajos académicos en la región corroboran esta función, en Colombia por ejemplo, Zamora Avilés nos comenta: “los flujos de capital de la cooperación internacional para el desarrollo no son políticamente neutros y están condicionados por los intereses geopolíticos y geoeconómicos de los donantes, sostenemos que la cooperación en esta región ha contribuido a consolidar nuevas espacialidades capitalistas en favor de la acumulación global y en detrimento de las propuestas de desarrollo territorial que han construido las comunidades de esta región” (Zamora, 2013: 47). Ni siquiera en términos duros es posible sostener la mentira de la supuesta “cooperación” a los menos favorecidos en América Latina: “los datos sobre el uso global de los financiamientos de la cooperación parecen demostrar que menos del 7% total de las sumas disponibles es orientado hacia la ayuda a dominios prioritarios del desarrollo humano. El resto sirve para objetivos comerciales y políticos que van en el sentido contrario” (Colussi, 2019).

Los cultivos agroindustriales entre ellos el cacao responde a la lógica del mercado y son introducidos a las comunidades nativas a través del estado vía el ministerio de agricultura, empresas privadas, cooperativas agrarias y organizaciones no gubernamentales (ONG’s). Al respecto Luis Romero Rengifo, coordinador de Waman Wasi nos comenta: “estamos embarcados en un chocolate sumiso que se inserta al mercado, en mi niñez recuerdo que el cacao se combinaba con el maíz, el cacao siempre ha estado presente pero cuando viene este señor del mercado, nos pinta pajaritos en el aire y nos dice que sembrando puro cacao vamos a salir adelante, cuando le hacemos caso ponemos en riesgo nuestra seguridad alimentaria, el mercado nos confunde”[5].

Mazorca de cacao infectada Con monilia en la comunidad de Valishos

Esta introducción a gran escala del cacao en la región ha ocasionado la aparición del monocultivo, desplazando diversas especies de flora y fauna y limitando los espacios de siembra chacarera, poniendo así en riesgo la biodiversidad y la soberanía alimentaria de las comunidades. Aunado a ello, los campesinos enfrentan graves problemas de plagas en sus cultivos de cacao y al mismo tiempo sufren una presión por parte de las grandes cooperativas agrarias para incrementar los rendimientos. En palabras de un representante de una gran cooperativa agraria en el distrito de Shanao: “lo que nosotros queremos es crecer pero el problema es que los campesinos no tienen conciencia”. La salida más fácil parecer ser culpar a los campesinos por sus practicas tradicionales de cultivo que para el mercado significan “reducir los rendimientos” y por ende las ganancias.

Luis Romero Rengifo ve esta situación como grave debido a la contaminación por plagas y el desplazamiento de los cultivos “para comer” de los campesinos, “nos enfrentamos a cultivos homicidas”, nos dice, es muy preocupante. Sin embargo, ahí donde el mercado ve el problema (los campesinos), es donde nosotros vemos la esperanza. Si el cacao forma parte de esta contrainsurgencia o guerra de baja intensidad, entonces ¿cómo es que podemos hablar de un cacao rebelde? ¿cómo responden los pueblos originarios de la amazonía a esta guerra? ¿cuáles son sus herramientas de resistencia? ¿es posible construir autonomía o defenderla en medio de la barbarie capitalista-patriarcal?

4.- El cacao como rebeldía y resistencia

En 1996 Eduardo Grillo escribía que para que la colonización se llevara a cabo no era necesario simplemente la existencia del colonizador sino principalmente “es preciso que el colonizado mismo entregue voluntariamente su intimidad al colonizador” (Grillo, 2017: 86). Hoy en la amazonía, y podría aventurarme a decir que en toda la América Profunda, esa intimidad ha sido trastocada pero no se ha entregado totalmente, es decir sigue resistiendo como lo ha hecho desde hace más de 500 años. “Aquí en los andes nunca hemos sido conquistados…eso es lo que ellos dicen” prosigue Grillo, y va más profundo a las raíces de lo que él denomina La Peste: “para nosotros lo que sucede es que -así como la helada, el granizo o los insectos visitan a veces nuestras chacras- hace cinco siglos apareció aquí, de pronto, una peste muy virulenta que ha mermado gravemente la vida y la alegría de nuestro mundo andino…pero eso ha ocurrido porque así nos lo merecíamos…porque nos habíamos descuidado en la crianza cotidiana de la armonía” (Grillo, 2017: 89).

Lejos de salir fácilmente de la jugada y culpar al sistema patriarcal-capitalista de todos nuestros males, el mundo andino-amazónico nos confronta con nosotros mismos y nos dice que también es responsabilidad nuestra habernos enfermado de esa peste, por haber perdido la armonía. Esta lectura nos lleva a cuestionarnos pues, el carácter de la lucha anticapitalista y antipatriarcal, situándola también en nuestra cancha y empezando a “curarnos” de esa peste criando mutuamente la armonía entre humanos y naturaleza y desde nuestra perspectiva, luchando contra quienes destruyen esta armonía.

Durante esta estancia de aprendizaje he podido constatar cómo este cacao contrainsurgente ha sido criado por las comunidades nativas amazónicas y transformado en un cacao rebelde, a través de lo que para términos prácticos llamaremos herramientas para la autonomía.

Herramienta para la autonomía: Criar biodiversidad

Warmi Tarpudoras o mujeres sembradoras

Una de las herramientas para construir autonomía en la comunidades nativas de
la región San Martín donde siembra Waman Wasi ha sido la de la Afirmación Cultural. Esta herramienta consiste en reforzar el modo de vida campesino vigorizando así la diversidad biológica y cultural, cuidar la salud humana y de la naturaleza. Grimaldo Rengifo nos comenta: “la cuestión no es tanto acabar con la peste como de vigorizar la propia salud chacarera … hacer fuerte lo propio para acabar con la monocultura del poder y los asaltos de la globalización” (Rengifo, 2002: 10-11)

Si retomamos la idea del cacao contrainsurgente, entonces ¿cómo operaría la lógica de la afirmación cultural para criar esa peste? Son las mismas comunidades nativas las que practican a diario esa respuesta. Visitando la comunidad nativa de El Naranjal llegamos a la chacra del Sr. Indalicio Tapullima Sangama, entre su platanera nos comenta: “aquí la gente siembra cacao pero no deja de hacer chacra (sinónimo de milpa para los mesoamericanos), porque sabe que el cacao solo deja [dinero] una vez y cuando se acaba ¿qué vamos a comer? La plata no se come, por eso el campesino siembra su chacrita, porque ahí va y ya le corta un tomate, y de ahí come, no deja de criar, forma parte del mercado pero no se entrega ciegamente”[7].

Tal como me advierte mi amigo Walter Sangama del equipo Waman Wasi, “a eso que tú estas buscando no esperes un gran discurso por parte de los campesinos, pero vete con ellos a su chacra y te van a mostrar en práctica cómo están  resistiendo”[8]. Y es verdad, la resistencia campesina de las comunidades nativas es humilde y cotidiana. Al visitar las chacras en las diferentes comunidades veo que donde el ingeniero gubernamental establece únicamente para sembrar cacao, la rebeldía campesina, de las mujeres principalmente, siembra una yuca, maíz, sacha papa, dale dale, ají, majambo, sacha inchi alrededor de la siembra, frejol (frijol) a los costados y en cada rinconcito de la chacra una planta que dará de comer a toda la familia e incluso a otras familias. Unas de las cosas más bonitas que observé en mis recorrido es esta asociación entre cacao y maíz, una pareja que de tiempos precolombinos se complementa mutuamente.

Si el cacao contrainsurgente puede ser una peste, las comunidades amazónicas deciden criarlo como uno más de su familia y en esa crianza lo armonizan con su chacra, el monte y la comunidad humana y las deidades de la selva. Criar cacao para las comunidades nativas es criar vida y no dejar de sembrar para comer. El cacao entra a una cosmovisión complementaria de la vida donde se interrelaciona con la chacra con quien comparte nutrientes, sombra y terreno; donde los árboles sirven de barrera para los vientos y las heladas, donde se siembra chacra para comer y cacao para vender y comprar lo que no se produce. Así, el cacao viene a complementar el ingreso campesino

Donde el modelo agroindustrial impone monocultivo, la sabiduría campesina amazónica cría biodiversidad (policultivo) y además no sólo alcanza el objetivo de vender en el mercado, también come bien, suficiente y comparte el excedente. Todo esto al mismo tiempo que armoniza diferentes ecosistemas: el monte, la selva, laderas, sitios planos, tierra caliente y tierra fría, logrando el intercambio de nutrientes, semillas, flora y fauna.

Herramienta para la autonomía: Sembrar para comer

A pesar de que la agroindustria moderna concentra el 80% de la tierra peruana, “los campesinos proporcionan para un a ciudad como Lima, el 60% de los alimentos frescos que consume” (PRATEC, 2002: 8). A la agroindustria sólo le importa producir para vender, por eso culpa al campesino de su desgracia cuando no logra abastecer el mercado internacional. Se queja de su incapacidad de aumentar los rendimientos, de dar mantenimiento a través de podas a sus cacahuales, de su “inconciencia”. En realidad, ésta es una conciencia muy profunda de lo que en verdad importa. Nos dice al respecto Linder, de la comunidad nativa de Valishos:

La vida del agricultor es su chacra, si se trabaja da para comer, si no pues no hay nada. Aquí si tienes hambre vas por algo a la chacra y ya comes. En cambio, si tienes dinero, no puedes comértelo. Sí vendo mi cacao para tener mi platita pero no dejo de sembrar. Mi mujer me dijo de sembrar maíz entre el cacao y se dio muy bien. Los jóvenes ahora ya no quieren sembrar, piensan que porque ya tienen sus estudios ya no vale, pero están mal, ahí tienen pura teoría pero les falla su práctica, aquí en la chacra tenemos también nuestra teoría pero no se ve porque la estamos viviendo.

Efectivamente, pudimos constatar en campo que un grave problema para el campesino son las enfermedades asociadas al cacao, que en muchas ocasiones no cuentan con el conocimiento técnico para controlarlas; sin embargo, se resiste haciendo chacra y sembrando para comer, asociando cultivos con el cacao (como el caso del maíz), criando otras especies, siempre probando ya sea en las podas, injertos o quitando sombra y a pesar de tener todo en contra, logran producir cacao que venden en el mercado regional y logran cosechas que les permiten alimentar a sus familias, la comunidad y también para vender en la ciudad de Lamas. No es para nada una situación idílica pero tampoco es la barbarie que se vive en las grandes ciudades. “De la chacra a la olla” es un lema vigoroso que demuestra la vitalidad campesina en las comunidades nativas que crían chacra.

Herramientas para la autonomía: Mikunas y pasantías

Degustación de chocolates artesanales durante Pasantía en el distrito de Shapaja

Criar biodiversidad y sembrar para comer se expresan prácticamente en dos actividades que me tocó presenciar durante mi estancia: las mikunas y las pasantías. En la comunidad nativa de El Naranjal acudimos a una mikuna, es una compartición de comida que se realiza entre los miembros de la comunidad. Cada familia lleva lo que recolecta en su chacra, el río o el monte, se reúnen en el local comunal y ponen en el piso todo lo que han traído. La autoridad local o apu da la bienvenida y los abuelos cuentan un poco de donde vienen sus semillas, cómo se siembran o cómo han pescado o recolectado del monte. Posteriormente, las mujeres se ponen de acuerdo para cocinar todo lo que se ha juntado y los hombres apoyan en pelar maní o cortar algunos de los ingredientes. Al final de la jornada se presentan todas las comidas y se come juntos en una gran fiesta comunal.

Presentación de comidas regionales durante la Mikuna en la Comunidad Nativa de El Naranjal

La mikuna es un gran momento para mostrar la diversidad criada en la chacra y compartir con toda la comunidad. Es un momento en que la comunidad se refleja en su hacer chacarero y se fortalece en la compartencia. La autonomía entra así, por el estómago y no hay forma mas certera de hacernos sentir que está viva y nos nutre.

Otra de las actividades que realiza Waman Wasi en conjunto con las comunidades nativas son las pasantías o encuentros intercomunitarios. En el distrito de Shapaja presenciamos una pasantía, donde 12 comunidades participantes llevaron una muestra de sus semillas, plantas medicinales y artes sanas (cestería y cerámica). Las mujeres ocupan el lugar central del evento, demostrando una vez más que son ellas las que cuidan la semilla, las que cargan en sus morrales la sabiduría de la comunidad.

Las mikunas y pasantías son claros ejemplos de que al conocer nuestra cultura y fortalecerla nos curamos de la peste y hacemos más grande nuestra autonomía.

Herramienta para la autonomía: Dialogo de saberes

La crianza es una actitud radicalmente hospitalaria de las comunidades nativas amazónicas. Ellas crían la vida en su conjunto y parte de su realidad es también todo esto que viene de fuera, que ellos denominan lo ajeno. Pero tal como me comenta mi amigo Grimaldo: “cuando vine a estas comunidades les pregunté a los abuelos ¿qué querían? Ellos dijeron, queremos que nuestros niños aprendan lo nuestro porque así siempre sabrán quienes son y de donde vienen, pero también queremos que aprendan lo ajeno, porque necesitan saber leer y escribir en castellano, queremos las dos cosas”. Esa apertura a lo ajeno es lo que mi amigo Luis romero Rengifo llama patear con los dos pies, “pero sin dejar de patear con el pie de la autonomía”, advierte.

Compartencia de nuestro hacer chocolatero durante el diálogo de saberes en el Distrito de Shapaja

A pesar de todos los males que llegan de fuera, las comunidades nativas mantienen su hospitalidad de abrirse a lo otro, a lo externo, lo diferente, lo ajeno. Su metodología es muy sencilla pero al mismo tiempo compleja: primero, escuchar a todos (el técnico agroindustrial, la familia, la chacra, el monte y sus ánimas, a las ong’s como waman wasi, a los apus), después probar varias veces y a raíz de esas experiencias generar conocimiento, posteriormente, recrear la vida a través de la fiesta y volver a empezar.

Muchas veces pensamos lo ajeno como algo malo y me tocó sentir esa experiencia de sentirse ajeno, cuando un mexicano llega hablando de chocolate a una comunidad amazónica parece una situación muy clara. Sin embargo, más allá de sentir el rechazo fue todo lo contrario, desde el principio una actitud abierta, dispuesta a escuchar y por lo tanto a aprender. Es es el diálogo de saberes, la escucha profunda, la disposición al aprendizaje y la oportunidad de compartir desde el ser cultural propio. Gracias a ese diálogo de saberes realizamos talleres de chocolate donde todos y todas salimos muy fortalecidos.

A veces, cuando las circunstancias lo requieren, este diálogo puede ser también resistencia y creación de algo nuevo. En el caso del cacao, Lucho nos cuenta: “en la práctica, los compañeros hacen una chacrita para el ingeniero, para que esté contento, pero ellos crían cacao con muchos otros cultivos por su cuenta. El ingeniero sólo les pide sembrar cacao y ellos lo hacen en una parte que mostrarán durante los monitoreos y las visitas de campo, pero la mayor parte de su tierra mantiene la armonía entre la chacra y el monte, “sin el monte la chacra no vive, se necesitan ambos” me dicen los compas. Es decir, nunca piensan una planta sola, siempre debe tener compañía”.

Una de las formas en que Waman Wasi y las comunidades nativas quieren emparejar el terreno para el diálogo de saberes es el reconocimiento de las comunidades nativas como centros de educación comunitaria por parte del ministerio de Educación. Esto es, reconocer que las abuelas, artesanas, pescadores, sembradores, criadoras de semillas y demás sabios y sabias de las comunidades poseen saberes importantes que deben ser fortalecidos y reconocidos por las instituciones estatales y la misma comunidad. Si la escuela es algo ajeno que llegó a las comunidades y que además enseña sólo cosas de fuera, entonces las comunidades demandan que al ser reconocidos esos saberes tendrán que ser tomados en cuenta tanto por los docentes como por las mismas autoridades educativas y estatales.

Herramienta para la autonomía: Hacer chocolate rebelde

Una de las situaciones que identificamos en las visitas a la comunidades nativas es que los campesinos se limitan a vender su semillas en el mercado como proveedores de materia prima; sin embargo, existe un potencial muy grande si esa semilla se transforma en chocolate. Este puede ser un buen comienzo para generar autonomía frente al mercado. Empezar por colectivos pequeños a nivel de cada comunidad nativa que producen en conjunto compartiendo su semilla de cacao y dividiendo en partes iguales los ingresos por las ventas de chocolate.

Durante mi estancia llevamos a cabo Talleres de Chocolate artesanal en las comunidades nativas de Valishos, Nuevo Lamas, Mixquillaquillo y Alto Pucalpillo.

En los talleres de chocolate compartimos con niños de la escuela primaria, mujeres, familias, apus y toda la comunidad. Fue una experiencia muy bonita ver a las comunidades entusiasmadas con darle un valor más a su cacao a través del chocolate. Creamos recetas de chocolate con maní y sacha inchi (tipo de nuez silvestre). Durante los talleres nos dimos cuenta que la cuestión, más allá de la técnica, está en cómo organizarse para llevar a cabo estos grupos de transformación porque es importante fortalecer la comunidad y no generar división. Hacerse fuertes para poder contrarrestar la visión de los ingenieros del estado y no se los coma el mercado. Por eso pensamos que tenemos que estar unidos y bien organizados, con claridad de hacia dónde queremos caminar.

II. A manera de comienzo

Esto no es para nada un final, por eso pensamos que es una manera de comienzo, el principio de un camino que empezamos como cooperativa hace 7 años y que poco a poco nos ha ido llevando a lugares inesperados con compas de los que hemos aprendido muchísimo. Visitar Perú y Waman Wasi, conversar con el equipo de los compas allá y sobre todo tener la oportunidad de caminar las chacras ha sido un aprendizaje que guardaremos en nuestro corazón.

La perspectiva que queremos abrir aquí es que algo tan sagrado para nuestros ancestros mesoamericanos como lo es el cacao, puede convertirse también en una forma de control sobre el territorio. Este es un riesgo latente al que nos enfrentamos con las políticas sociales de los gobiernos tanto de izquierda como de derecha. En México, se habla de la modernización del campo y el apoyo a los campesinos, lo cual no es más que una continuación del despojo. Muchas veces la falta de análisis y claridad nos lleva a dejarnos llevar por la corriente y respaldar las supuestas “alternativas” que nos ofrecen. Por eso es muy importante voltear a expresiones de la América Profunda como la de las comunidades nativas amazónicas porque ahí hay muchos aprendizajes útiles para nuestra realidad mexicana.

Al mismo tiempo, la América Profunda florece a lo largo de todo el continente criando cacao en muchas latitudes. Ese cacao se transforma en chocolate rebelde  La propuesta consiste en entrarle al mercado sin perder el corazón. Las máquinas ofrecen la “calidad” que el mercado requiere, en el mundo-máquina son eficientes, miden los grados de fermentación y las micras en el chocolate, pero no generan algo más allá. En cambio, las personas con las herramientas que tienen a la mano, son capaces de transformar el mundo. Ese es el chocolate convivial, el que une a la gente del barrio, el que tiene tiempo de conversar, que siente, el que no ha perdido la proporción. Es el chocolate que resiste, que sueña y crea un mundo mejor.

Oaxaca, ciudad de la resistencia, Abya Yala, 19 de diciembre de 2019


Notas

[1] Conocimos a Grimaldo Rengifo durante nuestra estancia en la Universidad de la Tierra en Oaxaca. A través de sus ideas nos adentramos al mundo andino-amazónico y sus conceptos de crianza mutua, conocimiento otro, diálogo de saberes. En 2015 publicamos una compilación de textos en el que incluimos sus apuntes sobre los aspectos culturales andinos de la Soberanía Alimentaria.

[2] Sendero Luminoso es un grupo guerrillero de corte maoísta con presencia en regiones campesinas del Perú. Se caracterizó por el uso brutal de la violencia contra la población campesina.

[3] . Fuente: Comisión de la Verdad y Reconciliación. «Anexo 2. ¿CUÁNTOS PERUANOS MURIERON?» (ZIP). / https://es.wikipedia.org/wiki/Sendero_Luminoso#cite_note-19

[4] Entrevista a Paul, representante de la Cooperativa Aparmash, Distrito de Shanao, 18 de noviembre de 2019.

[5] Entrevista a Luis romero Rengifo, Coordinador de Waman Wasi, 19 de noviembre de 2019.

[6] Entrevista al sr. Indalicio Tapullima Sangama de la comunidad nativa El naranjal, 20 de noviembre de 2019.

Bibliografía

Bonfil Batalla, Guillermo. México profundo. Una civilización negada. Editorial Grijalbo. México, 1990, pp. 247

Colussi, Marcelo. Cooperación internacional y beneficiencia en Revista Digital Alainet, Junio 2019. Disponible en: https://www.alainet.org/es/articulo/200680

Grillo, Eduardo, et al. Contra la peste recuperar el cariño. El Rebozo Palapa Editorial, México, 2017, pp. 132

Kusch, Rodolfo. Obras completas. Tomo II. América Profunda. Editorial Fundación Ross, Argentina, 1962, pp. 687

PRATEC. El bienestar en la concepción andino-amazónica, Editorial PRATEC, Perú, 2002, pp. 89

Zamora Avilés Edgar Alberto. Elementos críticos sobre cooperación internacional en el Magdalena Medio Colombiano en Revista Íconos, Num. 47, Quito,  eptiembre 2013, pp. 47-67

Zibechi, Raúl. Contrainsurgencia y miseria. Las políticas de combate a la pobreza en América Latina, Editorial Pez en el Árbol, México, 2010, pp. 283

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